lunes, 20 de enero de 2014

Del Sexenio Revolucionario a la Restauración Borbónica



DEL SEXENIO REVOLUCIONARIO A LA RESTAURACIÓN BORBÓNICA.

La formación del gobierno provisional. (1868-1871).
Además del destronamiento de Isabel II, la consecuencia de la revolución de 1868 es que se abre un período de seis años de inestabilidad que la historia conoce como el sexenio revolucionario, algún libro lo ha empezado a denominar "sexenio democrático", pero de democrático no tiene más que el sufragio universal masculino para mayores de 25 años, que hace pasar el electorado del 2'67% al 25% de la población, que desembocará en la abstención del 60% y que, como siempre, se verá manipulado y falseado, en este caso por los caudillos militares golpistas de la Gloriosa.
En el sexenio revolucionario, se irán hundiendo toda clase de formas de Estado, no sólo infinidad de gobiernos.
Las discrepancias surgidas entre Isabel II  y O’Donnell llevaron a la dimisión de éste como jefe de gobierno y a la ruptura de relaciones entre ambos. O’Donnell se expatrió y asumió el poder Narváez, pero su muerte, ocurrida en 1868, dejó a la Corona española sumida en una profunda crisis. González Bravo presidió el Gobierno hasta mediados de septiembre de 1868, adoptando medidas de represión y desterrando políticos y generales sospechosos.
Se produjo un nuevo pronunciamiento protagonizado por él ejercito, que se convierte otra vez en instrumento del cambio político. La Armada, al mando del almirante  Topete se sublevó en Cádiz y contó rápidamente con el apoyo de los generales Serrano, Prim y Dulce.
Las revueltas se extendieron por el país. El algunas ciudades como Cádiz y Málaga, especialmente afectadas por la crisis económica, se organizaron juntas radicales y la lucha alcanzó gran crudeza. La derrota de las tropas fieles a Isabel II en el Puente de Alcolea (Córdoba) obligó a la Reina a exiliarse a Francia. A pesar del triunfo de la revolución, las sublevaciones continuaron y, a lo largo de 1869, siguieron en el sur (Sevilla, Granada, Cádiz) los levantamientos demócratas adoptaron el ideal federalista.
Esta revolución de 1868 fue un nuevo intento de la burguesía y de buena parte del pueblo de instaurar un sistema democrático. Llamada "la Gloriosa", según sus artífices, supuso una nueva revolución liberal basada en el golpismo militar.
Estos principios se recogieron en la Constitución de 1869, que hacía de España una monarquía constitucional con un sistema bicameral y establecía claramente la división de poderes. Además se reconocieron los derechos de los ciudadanos.
Aprobada la Constitución y estabilizada la situación política, Serrano fue nombrado Regente, en ausencia de un rey; Prim, jefe de gobierno, el objetivo de ambos fue abordar los problemas urgentes, como la búsqueda de un candidato para el trono y la solución a la insurrección  independentista que se había iniciado en 1868 en Cuba. Pronto tuvieron que ocuparse de las sublevaciones promovidas por los republicanos desengañados por la falta de soluciones para la cuestión social y por la decisión del gobierno de defender el régimen monárquico.



La Constitución de 1869.

Principios generales.
·        En el título 1º se desarrolla la más explícita, amplia y cuidada declaración de derechos humanos garantizados hasta entonces por nuestro derecho constitucional.
·        Más amplia autonomía local.
·        Sigue vigente la monarquía hereditaria, democrática y parlamentaria, sobre la base de un reconocimiento expreso de la soberanía nacional.
·        Delimitación estricta de los poderes del monarca. Al rey corresponde la sanción y promulgación de las leyes. Sistema bicameral, con Senado electivo (cuatro senadores por provincia) y Congreso, con plena potestad legislativa. Un diputado por cada 40.000 habitantes y tres años de mandato.
·        Los ministros son responsables ante el Parlamento, aunque son nombrados por el Rey.

Valoración y desarrollo.
            Tuñón de Lara la califica como la más liberal de cuantas se habían promulgado en España, aunque también se la califica de revolucionaria. Cánovas del Castillo opinaba que era proclive al socialismo y a los excesos. Para Solé Tura. La Constitución de 1869 preveía en gran medida un desarrollo que cambiaría los ejes del sistema moderado imperante en las décadas anteriores. La Constitución contiene dos principios fundamentales para conformar un régimen diferente: la democracia y la descentralización.


EL REINADO DE AMADEO I (1871-1873)

El problema de quién debía de ocupar el trono de España se convirtió en una cuestión internacional que retrasó aún más el periodo de provisionalidad del gobierno y permitió que, a pesar de los esfuerzos de Prim, la oposición de republicanos y carlistas fuera creciendo.
El candidato considerado idóneo fue el hijo de Victor Manuel II rey de Italia, Amadeo de Saboya. En principio cumplía todos los requisitos: pertenecía a una casa real con tradición liberal, era católico y su elección no inquietaba a Francia ni a Prusia. Las dos potencias continentales europeas que se encontraban enfrentadas. Las Cortes le nombraron rey el 16 de noviembre de 1870 por un escaso margen de votos, 191 contra 120. Prim el principal valedor del rey fue asesinado tres días antes de la llegada de Amadeo I.
El rey juró la Constitución y se mostró dispuesto a cumplir con el papel de rey constitucional. Sin embargo, la división entre las fuerzas políticas hizo imposible mantener la estabilidad. Los gobiernos se sucedieron rápidamente entre los constitucionales de Sagasta, los radicales de Ruiz Zorrilla y el grupo de viejos Unionistas de Serrano.
A los anteriores se sumó la oposición de los republicanos, así como la de los partidarios de que el trono fuera ocupado por el príncipe Alfonso, hijo de Isabel II. Agravaba la situación un evidente descontento económico y social que justificó la sublevación de los monárquicos, en ocasiones antiguos carlistas, en 1872.
En 1873, Amadeo de Saboya, regresaba a Italia tras presentar su Acta de Abdicación de la Corona. Congreso y Senado en sesión conjunta, reunidos en Asamblea Nacional, proclamaron la Primera República por 285 votos contra 32.


LA PRIMERA REPÚBLICA (1873-1874).

A lo largo de sus once meses de vida, la Primera República intentó, sin éxito, consolidar el sistema iniciado en 1868. Desde el primer momento el nuevo régimen se vio obligado a enfrentarse a graves problemas que provocaron su inestabilidad y precipitarían su fracaso:
1. la división interna entre los republicanos en:
- unitarios
- federalistas (considerados como los más revolucionarios), subdivididos en
·         "benévolos", partidarios de implantar el sistema republicano federal desde las Cortes,
·         "intransigentes", partidarios de implantarlo mediante la insurrección.
  1. insubordinaciones separatistas [1]
  2. la guerra carlista,
  3. la guerra de Cuba
  4. el cantonalismo.


A este contexto habría que añadir el escaso apoyo popular y la falta de convicciones republicanas entre la clase política.
La Hacienda Pública estaba arruinada tras los gastos de las permanentes revoluciones y de los intentos de mantener unas colonias que luchaban por su independencia. La corta duración de los mandatos presidenciales de la República da una idea del clima de confusión en que se desarrolló, sucediéndose cuatro presidentes en ocho meses.
La preocupación de Estanislao Figueras, primer presidente, fue convocar elecciones para Cortes Constituyentes que definieran la nueva situación, hubo un 60% de abstención. Las Cortes Constituyentes proclamaron la república federal y ocho días después, el 9 de junio, eligieron como presidente a Pi y Margall, también catalán y partidario del federalismo. Figueras huyó a Francia. El proyecto de Constitución que Pi y Margall presentó a las Cortes convertía a España en una República federal que proclamaba como de diecisiete estados a las regiones, pero no pudo aprobarse, ya que la insurrección cantonal obligó a suspender las Cortes y Pi tuvo que dimitir.
La República experimentó un giro hacia posturas algo más conservadoras, bajo la presidencia del almeriense Nicolás Salmerón porque se mostró dispuesto a terminar con la resistencia cantonal. Tras la dimisión de Salmerón (por negarse a firmar sentencias de muerte para disciplinar el ejército), Emilio Castelar, el más famoso republicano, practicó una política dictatorial encaminada igualmente a asegurar el orden público y la unidad.
El problema cantonal que había convertido en estados independientes a localidades como Sanlúcar de Barrameda, Granada o Málaga -enfrentadas a la República y, en algunos casos, incluso entre sí- terminó con la rendición de la belicosa Cartagena, que tenía flota. La República tuvo también que atender el problema cubano y la guerra carlista.
Cuando las Cortes se reunieron de nuevo el 3 de enero de 1874 se produjo la intervención militar del general Pavía, quien irrumpió en el Congreso y disolvió la Asamblea. El general Serrano comenzó el cuarto ensayo político que tuvo como objetivos:

o   restablecer el orden público,
o   controlar a los carlistas y
o   seguir con la guerra de Cuba.

Con el apoyo del ejército mantuvo durante todo el año 1874 una República unitaria, conservadora y presidencialista.
El régimen tenía los días contados por su propia provisionalidad, y el partido alfonsino, intentando impedir un temido triunfo del carlismo ante el desprestigio del liberalismo bajo la república[2], acabó asegurando la restauración de los borbones como solución estabilizadora, después del levantamiento del general Martínez Campos en Sagunto el 29.12.1874.
Al final, pues, es también un pronunciamiento militar, la Saguntada, lo que corta la situación y da paso a la Restauración. De esta forma el general se adelantaría al calculado procedimiento político diseñado por Cánovas, que nunca quiso que Alfonso de Borbón fuese proclamado tras un levantamiento militar; de hecho Cánovas terminaría consiguiendo por primera vez el predominio del civilismo sobre el militarismo, cuestión de la que estaba convencido por entender que es el poder civil el que procede de la voluntad popular.
Por tanto, con la actividad del malagueño Antonio Cánovas del Castillo y el pronunciamiento de Sagunto del general Martínez Campos se restableció la monarquía en la persona del hijo de la impopular Isabel II, que subiría al trono como Alfonso XII y que sí respondería a las expectativas y responsabilidades que en él se depositaban.
Es la vuelta al punto de partida, gastadas y fracasadas todas las formas de Estado de la revolución liberal:
o   monarquía liberal,
o   gobierno provisional,
o   regencias,
o   monarquía demócrata liberal,
o   república unitaria,
o   república federal,
o   interinidad
o   y otra vez monarquía liberal.



[1] proclamación del Estat Català, que Figueras sólo pudo revocar aceptando la disolución del ejército en Cataluña.
[2] Para el alfonsino Marqués de Valdeiglesias, "Castelar obró como buen español, pues gobiernos como los de Pi y Salmerón, a pesar de todas las rectas intenciones,  llevaban el país al abismo y el final hubiera sido, en el mejor de los casos, el triunfo del carlismo". 70 años de Periodismo. Memorias. 1949, p. 215

No hay comentarios:

Publicar un comentario