La formación del gobierno provisional. (1868-1871).
Además del destronamiento de Isabel II, la consecuencia de la
revolución de 1868 es que se abre un período de seis años de inestabilidad que
la historia conoce como el sexenio revolucionario, algún libro lo ha empezado a denominar
"sexenio democrático", pero de democrático no tiene más que el
sufragio universal masculino para mayores de 25 años, que hace pasar el
electorado del 2'67% al 25% de la población, que desembocará en la abstención
del 60% y que, como siempre, se verá manipulado y falseado, en este caso por
los caudillos militares golpistas de la Gloriosa.
En el sexenio revolucionario, se irán hundiendo toda clase de formas de
Estado, no sólo infinidad de gobiernos.
Las
discrepancias surgidas entre Isabel II y
O’Donnell llevaron a la dimisión de éste como jefe de gobierno y a la ruptura
de relaciones entre ambos. O’Donnell se expatrió y asumió el poder Narváez,
pero su muerte, ocurrida en 1868, dejó a la Corona española sumida en una
profunda crisis. González Bravo presidió el Gobierno hasta mediados de
septiembre de 1868, adoptando medidas de represión y desterrando políticos y
generales sospechosos.
Se produjo un
nuevo pronunciamiento protagonizado por él ejercito, que se convierte otra vez
en instrumento del cambio político. La Armada, al mando del almirante Topete se sublevó en Cádiz y contó rápidamente con el apoyo de los
generales Serrano, Prim y Dulce.
Las revueltas
se extendieron por el país. El algunas ciudades como Cádiz y Málaga,
especialmente afectadas por la crisis económica, se organizaron juntas
radicales y la lucha alcanzó gran crudeza. La derrota de las tropas fieles a
Isabel II en el Puente de Alcolea (Córdoba) obligó a la Reina a exiliarse a
Francia. A pesar del triunfo de la revolución, las sublevaciones continuaron y,
a lo largo de 1869, siguieron en el sur (Sevilla, Granada, Cádiz) los
levantamientos demócratas adoptaron el ideal federalista.
Esta revolución
de 1868 fue un nuevo intento de la burguesía y de buena parte del
pueblo de instaurar un sistema democrático. Llamada "la Gloriosa",
según sus artífices, supuso una nueva revolución liberal basada en el golpismo
militar.
Estos
principios se recogieron en la Constitución de 1869, que hacía de España una
monarquía constitucional con un sistema bicameral y establecía claramente la
división de poderes. Además se reconocieron los derechos de los ciudadanos.
Aprobada la
Constitución y estabilizada la situación política, Serrano fue nombrado
Regente, en ausencia de un rey; Prim, jefe de gobierno, el objetivo de
ambos fue abordar los problemas urgentes, como la búsqueda de un candidato para
el trono y la solución a la insurrección
independentista que se había iniciado en 1868 en Cuba. Pronto tuvieron
que ocuparse de las sublevaciones promovidas por los republicanos desengañados
por la falta de soluciones para la cuestión social y por la decisión del
gobierno de defender el régimen monárquico.
La Constitución de 1869.
Principios generales.
·
En el título 1º se desarrolla
la más explícita, amplia y cuidada declaración de derechos humanos garantizados
hasta entonces por nuestro derecho constitucional.
·
Más amplia autonomía local.
·
Sigue vigente la monarquía
hereditaria, democrática y parlamentaria, sobre la base de un reconocimiento
expreso de la soberanía nacional.
·
Delimitación estricta de los
poderes del monarca. Al rey corresponde la sanción y promulgación de las leyes.
Sistema bicameral, con Senado electivo (cuatro senadores por provincia) y
Congreso, con plena potestad legislativa. Un diputado por cada 40.000
habitantes y tres años de mandato.
·
Los ministros son
responsables ante el Parlamento, aunque son nombrados por el Rey.
Valoración y desarrollo.
Tuñón de Lara la califica como la
más liberal de cuantas se habían promulgado en España, aunque también se la
califica de revolucionaria. Cánovas del Castillo opinaba que era proclive al
socialismo y a los excesos. Para Solé Tura. La Constitución de 1869 preveía en
gran medida un desarrollo que cambiaría los ejes del sistema moderado imperante
en las décadas anteriores. La Constitución contiene dos principios
fundamentales para conformar un régimen diferente: la democracia y la descentralización.
EL REINADO DE AMADEO I
(1871-1873)
El problema de
quién debía de ocupar el trono de España se convirtió en una cuestión
internacional que retrasó aún más el periodo de provisionalidad del gobierno y
permitió que, a pesar de los esfuerzos de Prim, la oposición de republicanos y
carlistas fuera creciendo.
El candidato
considerado idóneo fue el hijo de Victor Manuel II rey de Italia, Amadeo de Saboya. En principio cumplía
todos los requisitos: pertenecía a una casa real con tradición liberal, era
católico y su elección no inquietaba a Francia ni a Prusia. Las dos potencias
continentales europeas que se encontraban enfrentadas. Las Cortes le nombraron
rey el 16 de noviembre de 1870 por un escaso margen de votos, 191 contra 120.
Prim el principal valedor del rey fue asesinado tres días antes de la llegada
de Amadeo I.
El rey juró la
Constitución y se mostró dispuesto a cumplir con el papel de rey
constitucional. Sin embargo, la división entre las fuerzas políticas hizo
imposible mantener la estabilidad. Los gobiernos se sucedieron rápidamente
entre los constitucionales de Sagasta, los radicales de Ruiz Zorrilla y el
grupo de viejos Unionistas de Serrano.
A los
anteriores se sumó la oposición de los republicanos, así como la de los
partidarios de que el trono fuera ocupado por el príncipe Alfonso, hijo de
Isabel II. Agravaba la situación un evidente descontento económico y social que
justificó la sublevación de los monárquicos, en ocasiones antiguos carlistas,
en 1872.
En 1873,
Amadeo de Saboya, regresaba a Italia tras presentar su Acta de Abdicación de la
Corona. Congreso y Senado en sesión conjunta, reunidos en Asamblea Nacional,
proclamaron la Primera República por 285 votos contra 32.
LA PRIMERA REPÚBLICA
(1873-1874).
A lo largo de sus once meses de vida, la Primera República
intentó, sin éxito, consolidar el sistema iniciado en 1868. Desde el primer
momento el nuevo régimen se vio obligado a enfrentarse a graves problemas que
provocaron su inestabilidad y precipitarían su fracaso:
1. la división interna entre
los republicanos en:
- unitarios
- federalistas (considerados como los más revolucionarios), subdivididos en
·
"benévolos",
partidarios de implantar el sistema republicano federal desde las Cortes,
·
"intransigentes",
partidarios de implantarlo mediante la insurrección.
- insubordinaciones
separatistas [1]
- la
guerra carlista,
- la
guerra de Cuba
- el
cantonalismo.
A este contexto
habría que añadir el escaso apoyo popular y la falta de convicciones
republicanas entre la clase política.
La Hacienda
Pública estaba arruinada tras los gastos de las permanentes revoluciones y de
los intentos de mantener unas colonias que luchaban por su independencia. La
corta duración de los mandatos presidenciales de la República da una idea del
clima de confusión en que se desarrolló, sucediéndose cuatro presidentes en
ocho meses.
La
preocupación de Estanislao Figueras,
primer presidente, fue convocar elecciones para Cortes Constituyentes que
definieran la nueva situación, hubo un 60% de abstención. Las Cortes
Constituyentes proclamaron la república federal y ocho días después, el
9 de junio, eligieron como presidente a Pi y Margall, también catalán y
partidario del federalismo. Figueras huyó a Francia. El proyecto de
Constitución que Pi y Margall presentó a las Cortes convertía a España en una República
federal que proclamaba como de diecisiete estados a las regiones, pero no
pudo aprobarse, ya que la insurrección cantonal obligó a suspender las
Cortes y Pi tuvo que dimitir.
La República
experimentó un giro hacia posturas algo más conservadoras, bajo la presidencia
del almeriense Nicolás Salmerón
porque se mostró dispuesto a terminar con la resistencia cantonal. Tras la
dimisión de Salmerón (por negarse a firmar sentencias de muerte para
disciplinar el ejército), Emilio Castelar,
el más famoso republicano, practicó una política dictatorial
encaminada igualmente a asegurar el orden público y la unidad.
El problema cantonal que había convertido en estados
independientes a localidades como Sanlúcar de Barrameda, Granada o Málaga
-enfrentadas a la República y, en algunos casos, incluso entre sí- terminó con la rendición
de la belicosa Cartagena, que tenía flota. La República tuvo también que atender el problema cubano y la
guerra carlista.
Cuando las
Cortes se reunieron de nuevo el 3 de enero de 1874 se produjo la intervención
militar del general Pavía, quien
irrumpió en el Congreso y disolvió la Asamblea. El general Serrano comenzó
el cuarto ensayo político que tuvo como objetivos:
o
restablecer el orden público,
o
controlar a los carlistas y
o
seguir con la guerra de Cuba.
Con el apoyo
del ejército mantuvo durante todo el año 1874 una República unitaria,
conservadora y presidencialista.
El régimen
tenía los días contados por su propia provisionalidad, y el partido alfonsino,
intentando impedir un temido triunfo del carlismo ante el desprestigio del
liberalismo bajo la república[2], acabó asegurando la
restauración de los borbones como solución estabilizadora, después del
levantamiento del general Martínez
Campos en Sagunto el 29.12.1874.
Al final, pues, es también un pronunciamiento militar, la Saguntada,
lo que corta la situación y da paso a la Restauración. De esta forma el general se adelantaría al
calculado procedimiento político diseñado por Cánovas, que nunca quiso que
Alfonso de Borbón fuese proclamado tras un levantamiento militar; de hecho
Cánovas terminaría consiguiendo por primera vez el predominio del civilismo sobre el
militarismo,
cuestión de la que estaba convencido por entender que es el poder civil el que
procede de la voluntad popular.
Por tanto, con
la actividad del malagueño Antonio
Cánovas del Castillo y el
pronunciamiento de Sagunto del general Martínez Campos se restableció la monarquía en la persona del hijo de
la impopular Isabel II, que subiría al trono como Alfonso XII y que sí
respondería a las expectativas y responsabilidades que en él se depositaban.
Es la vuelta al punto de partida, gastadas y fracasadas
todas las formas de Estado de la revolución liberal:
o
monarquía
liberal,
o
gobierno
provisional,
o
regencias,
o
monarquía
demócrata liberal,
o
república
unitaria,
o
república
federal,
o
interinidad
o
y otra
vez monarquía liberal.
[1] proclamación del Estat Català, que Figueras sólo
pudo revocar aceptando la disolución del ejército en Cataluña.
[2] Para el alfonsino Marqués de
Valdeiglesias, "Castelar obró como buen español,
pues gobiernos como los de Pi y Salmerón, a pesar de todas las rectas
intenciones, llevaban el país al abismo
y el final hubiera sido, en el mejor de los casos, el triunfo del carlismo".
70 años de Periodismo. Memorias. 1949, p. 215
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